George R.R.Martin

GEORGE R.R. MARTIN

Larga vida al rey de "Juego de Tronos"
Mas cerca del fuego que del hielo se hallas las reacciones que este escritor viene suscitando con una saga que la televisión ha popularizado incluso más. En julio lo tendremos en el festival de Celsius 232 de Avilés, pero mientras tanto su traductora al español nos habla de él y de un fenómeno que con la esperada "Danza de dragones" (Gigamesh) ha alcanzado su quinto título.
Texto: CRISTINA MACÍA.

Intrigas, asesinatos, conjuras, reyes y reinas, incestos y violaciones, parricidio, princesas cautivas, princesas guerreras, luchas por el poder, historias de amor, crimen y algún que otro castigo, celos, venganza, la mano omnipresente del destino, regicidios habituales, mucho sexo y una pizca de magia. Son los ingredientes de cualquier culebrón, sí. También són los ingredientes de las obras obras de Shakespeare. Y, desde luego, son los que conforman el universo de Canción de Hielo y Fuego, la saga más conocida ahora gracias a la pequeña pantalla por el titulo del primero de los libros que la componen: Juego de tronos.

El bardo de Santa Fe.
El padre de la criatura és George R.R. Martín, un norteamericano asentado en Santa Fe con aspecto de venerable Santa Claus, aunque a él le gustaría más darse un aire a Corto Maltés. Contador de historias por vocación, y vocación bien temprana, nunca se ha apartado de sus dos grandes amores, la fantasía y la ciencia ficción, aunque haya tenido que nadar entre el papel y la pequeña pantalla. Se enganchó a una máquina de escribir desde que pudo permitirse el lujo de comprarla, aunque escribir ya escribía desde niño, si bien con más entusiasmo que acierto. Por suerte para los lectores, el acierto se fue incrementando con los años y las páginas (y probablemente estimulado por más de un fracaso a la hora de publicar) sin que el entusiasmo del narrador vocacional descendiera ni un ápice.
El gran público empezó a conocer a George R.R. Martin con la llegada a las librerías de Juego de tronos. Hasta entonces, era uno de los autores más conocidos y apreciados de la ciencia ficción y la fantasía, pero a nivel económico y ded visibilidad lieteraria eso equivale a ser uno de los enanos más altos del bosque. Los lectores de género son fervorosos y leales, pero escasos, y pese a novelones como Muerte de la luzEl sueño del Fevre (para muchos, la mejor novela de vampiros desprúes de Drácula), pese a ganar puñados de los premios más prestigiosos con sus relatos y contar con el respeto y admiración de los aficionados, Martin tuvo que irse a Hollywood para ganarse la vida.
No es que emigrar a Hollywood fuera, entonces o ahora, caer muy bajo, o un destino peor que la muerte, pero lo cierto es que nuestro autor no disfrutó demasiado de la experiencia (plasmada sobre todo en aquella serie de culto que fue La bella y la bestia; nada que ver con Disney, no), ni de los límites que las productoras, con su manía de elaborar presupsuestos, imponían al creador. Sus grandiosas escenas imaginadas y luego descritas en guión tras guión se estrellaban contra los números y la falta de recursos o de ganas de ponerlos en juego, así que, cuando el trrente de ideas espectaculares que iban a convertirse en Juego de tronos empezó a cobrar forma, supo que no había televisón capaz de contenerlas (eran otros tiempos. HBO todavía no había hecho Roma. No sabíamos que se podía)
En 1996, George R.R.Martin publica A Game of Thrones (Juego de tronos llegaría a España en 2002), y empeza la locura. Com o suele suceder en estos casos, la locura no fue un fenómeno instantáneo, sino una bola de nieve, al principio del tamaño de una pelota de tenis. La bola fue creciendo y haciéndose monumental y, para cuando vio la luz el tercer título, A Storm of Swords (Tormenta de espadas), cuatro años más tarde, ya había pasado como una apisonadora sobre los límites del fandom del género y se había convertido en un fenómeno de culto. Y entonces comenzó lo que ya se ha convertido en tradición y costumbre, para desesperación de su infinidad de seguidores: la parsimonia del autor y los largos años de espera entre libro y libro. Un lustro tuvo que pasar antes de la aparicón de Festín de cuervos. Otro para la llegada Danza de dragones. Mucho tiempo para unos lectores adictors y no siempre bendecidos con la virtud y la paciencia.

La magia de un argumento.
Contar el argumento de Canción de hielo y fuego (repetimos: Juego de tronos es el título de la primera novela, aunque la serie de televisión lo haya elegido para denominar toda la saga) da pereza, porque quien lo intente sabe que se enfrenta a una misión imposible; peor aún, abocada al fracaso. Harían falta demasiadas paginas, casi tantas como tienen las novelas, o el reseñista se encontrará con que, al contarlo, ha convertido el esplendor y la magnificiencia en algo pequeño y deslustrado, y lo que sobre el papel era épico, en una batallita del abuelo. A grandes rasgos, muy grandes, en esta serie de novelas seguimos, desde el punto de vista de varios personajes, los acontecimientos que tienen lugar en unas tierras seudomedievales sacudidas por una guerra salvaje y amenazadas por la proximidad de un invierno que puede durar años. ¿Ven? Ya lo he hecho. En tan pocas líneas no caben la maldad y la colosal estupidez de Cersei, ni el ingenio amarge de Tyrion, ni el viaje de Arya hacia el lado oscuro de la Fuerza (oops, eso es de otra saga), ni la lealtad sombría de Davos; se pierden lo imponente del Muro, lo aterrador de los caminantes blancos y los mil filos del codiciado Trono de Hierro. ¿Cómo se pueden resumir en dos patadas la Batalla del Aguasnegras o la Boda Roja? ¿Han oído aquello de "no se puede contar, hay que vero"? En este caso, hay de leerlo.
Para aquellos alérgicos a la fantasía, que sólo con pensar en un libro así salen corriendo en busca del ejemplar más cercano de Crimen y castigo (por cierto, aquí también hay abundantes crímenes, y también un poquito de culpa y redención): no teman. En Canción de hielo y fuego ningún personaje va a agitar una varita mágica para salir de apuros. En este mundo, la magia es apenas el residuo del pasado que, a lo largo de las páginas, se nos va narrando confundido entre la historia y la leyenda: escasa, impredecible, casi siempre oscura y amenazadora, temible y negra. Ya se pueden ir olvidando de Disney, de Harry Potter y hastas de los párrafos más luminosos de El señor de los Anillos. Martin es un narrador de oficio, un artesano que detesta los trucos vacíos. Para él, la magia es un elemento de la trama, no el recursos fácil de un aficionado y como tal la usa con prudencia y mesura. Ya lo dijo en una memorable intervención la Semana Negra de Gijón en verano del 2008: "La magia es como las anchoas en una pizza: una o dos dan un toque de sabor maravilloso; una pizza llena de anchoas no hay quien se la coma".

Un fenómeno al cuadrado.
Los lectores de Cancíón de hielo y fuego son un caso que debería hacernos reflexionar sobre hacia dónde avanza el público en este mundo de Internet. Las nuevas tecnologías (por cierto, ¿cuándo toca dejar de llamarlas "nuevas"?) y las redes sociales multiplican por un millón la capacidad de expresión de los aficionados, que ya no son sólo lectores, sinó consumidores informados y muy exigentes que interpelan de manera activa al autor, le hacen saber sus didas y deseos y, en demasiadas ocasiones, esperan una respuesta inmediata, positiva especficia y a la medida de sus deseos. No siempre son consumidores corteses y sensatos: George R.R. Martin no puede publicar en su blog su opinión sobre un partido de fútbol o sobre el libro de un amigo sin que una horda de "fieles seguidores" le recrimine estar perdiendo el tiempo delante de la tele o leyendo tonterías, en vez de escribir el suguiente libro de la saga. Y no digamos si se le ocurre mencionar que está trabajando en otro proyecto, aunque esté directamente relacionado con Canción de hielo y fuego. Ya es famoso, pero por desgraciado extraño o único, el mensaje de un lector: "Ojalá te mueras para que alguien más rápido que tú termine de escribir los libros". Sin llegar a ese extremo, muchos le recomiendan que se cuide, que coma más sano y pierda peso, "no sea que te vayas a morir sin acabar la saga". Con algunos de estos he hablado personalmente, y para mi infinita fascinación creen que están siendo afectuosos y amables. De mi "salud" como traductora de la saga también se han ocupado alguna que otra vez, y creánme, no es una experiencia agradable.
Si esa es la cruz que le ha caído a Martin, la cara está en la misma moneda: la mayoría de esos lectores, lejos de ser mocosos malcriados que quieren su juguete y lo quieren ya, son una legión fiel y considerarda, que ha convertido en virtud la necesidad de esperar entre libro y libro. Se organizan en foros de Internet (el más importante y activo de España, Ashai.com, ha merecido incluso unas líneas de gratitud por parte de George R.R.Martin en la última novela de saga, Danza de dragones), montan fiestas, juegos, concursos, elaboran teorías muy trabajadas, recopilan y sistematizan el aluvión de información que llega con las novelas y, probablemente lo más importante, son los mejores difusores de todo lo relativo a Canción de Hielo y Fuego. Por mucho dinero que pudiera invertir en anuncios Gigamesh, la minúscula editorial que publica la saga en España, por muchos recursos que dedicara Canal+, la cadena de pago que emite la serie Juego de tronos, no son nada en comparación con la impagable publicidad que sólo puede dar un boca a boca tan entusiasta.
Lo diferente de este fenómeno es que el contagio no se produce sólo entre pares, ni dentro de grupos homogéneos. Los hijos envician a los padres (¡y a los abuelos!), los clientes a los camareros, los profesores a les estudiantes y Pau Gasol a los aficionades al baloncesto de la NBA (verídico). No todo el mundo es sensible al veneno, claro. Mi fracaso personal fue intentar convencer al escritor de novela histórica Alfonso Mateo-Sagasta de que iba a disfrutar como un enano con Juego de tronos. De hecho, le regalé el ejemplar y aposté con él una cena con langosta a que, antes de la página cien, estaría enganchado de por vida. No tuve que pagar la apuesta porque Mateo-Sagasta se declaró incapaz de llegar a la página cien... pero, eso sí, sus dos hijos se han convertido a la Verdadera Religión de Martin, y este verano tendrá que hacerles de chófer para ir a ver al autor en el festival de Celsius 232, dónde tiene prevista su próxima aparición en España. Como diría el malévolo editor de Gigamesh, Alejo Cuervo, "¡Mwahahaha!". La venganza es mía.

¿Final a la vista?
En estos momentos, con cinco libros de la saga ya publicados y a falta de dos para concluirla (titulados provisionalmente Vientos de invierno y Sueño de primavera), hay tantos hilos argumentales abiertos, tantos personajes en danza y tantas tramas en el aire que da la sensación de que George R.R. Martin esta hacinedo malabarismos con granadas de mano, y unas cuantas ya no tienen anilla de seguridad. La granada más peligrosa lleva una etiqueta que dice "fechas". Recién terminada la emisión de la segunda temporada de la serie televisiva, y calculando que va a cubrir groso modo un libro por temporada, las cuentas están claras: Martín tendría qeu terminar el sexto libro antes de 2015, y el séptimo como mucho en 2016. No es precisamente el ritmo que ha llevado con los anteriores. Parece ser que ya ha hablado con los productores de la serie para darles las líneas básicas del argumento en caso de que lo pille el toro. Pero. si es así, nos encontraremos con el curioso caso de que los lectores tendrán que meter la cabeza debajo de una roca para no "comerse un spoiler" procedente de la televisión. O tal vez los libros y los episodios lleven caminos divergentes. O quizá, como apuntan algunos con un cierto grado de paranoia, George R.R. Martin ya tiene todos los libros escritos y guardados en un cajón, y lo que pasa es que le gusta ver sufrir a los fans. En el mundo imaginaro creado por Martin, no todo es posible; en canvio, en el universo de pasiones que ha generado con su saga, no hay nada seguro.
De lo que podemos estar seguros es de que el final de Canción de hielo y fuego no decepcionará. Aunque la presión de los aficionados se ha dejado sentir, y el propio autor confiesa su temor a "hacer un Peridos", és decir, a que la conlusión de su saga no esté a la altura de lo que esperan los lectores, los que conocemos todoa su obra pasada sabemos que no será así. No es fe, es experiencia: desde La muerte de la luz hasta Sueño del Fevre, pasando por Refugio del Viento, Los viajes de Tuf y cada uno de sus cuentos y relatos, Martin ha demostrado que es un artesano de la palabra y, sobre todo, un contador de historias que narra aquello que le habría gustado leer, con los finales que habría querido disfrutar. No hay riesgo de un cierre en falso, Juego de tronos no habrá sido un sueño. El bardo de Santa Fe sabe escribir.

Article publicat al núm. 178 de juliol de 2012, de la revista Qué leer, pàg. 50-53.

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